Algunas recomendaciones para ver cine vasco

por Noelia Ibáñez

 A través de las nuevas plataformas como Netflix y las recomendaciones en portales y redes sociales parece que el cine vasco se encuentra en un “boom” desde principio de este siglo. Sin embargo es un cine con historia igual que cualquier otro, quizá la diferencia ahora es que desde aproximadamente diez años a esta parte este cine hace referencia con mayor profundidad a temáticas propias de la cultura vasca. Tengamos en cuenta también que uno de los festivales de cine más importantes del mundo tiene lugar en San Sebastián, Donostia (Euzkadi).

El cine vasco tiene un comienzo emblemático, por lo menos otorgado por historiadores y críticos al film que Telesforo Gil García dirigió en 1924, Edurne, modista bilbaína. Fue sólo un comienzo de una historia cinematográfica rica en documentales y ficciones y que ha dado al mundo del séptimo arte directores reconocidos como Alex de la Iglesia, Néstor Barrenetxea o Julio Medem. La crítica coincide en que el cine vasco ha servido para dar a conocer al mundo una cultura, historia, tradición, folclore de una nación en busca de la emancipación aun cuando ésta no sea siempre un sentimiento independentista. El cine vasco complejizó su mirada de la realidad y la sociedad a partir de la dictadura franquista y con el surgimiento de la ETA. Esto es solamente un brevísimo panorama que pretende ser histórico pero el objetivo de este artículo es brindar algunas recomendaciones para ver en este invierno.

Mitología vasca en la pantalla

La denominada ‘Operación Ainara’ fue la inspiración de Dolores Redondo para engarzar toda su trilogía del Baztán. Ya había empezado a trabajar en su primera novela, El guardián invisible, y ya había creado a Amaia Salazar, así que sirvió para conectar la primera entrega de la saga con el resto de novelas, introducir más pistas en su segundo libro, Legado en los huesos, y para centrar el argumento de la tercera entrega de la saga Ofrenda a la tormenta.

Todo empezó con un titular del diario ABC el 30 de octubre de 2011: «La Guardia Civil investiga el asesinato de una bebé a manos de una secta en Lesaka (Navarra) a manos de una secta». La noticia hablaba del secreto del sumario y aportaba poca información para un caso tan llamativo, únicamente cuándo se produjo y algunos datos genéricos. Esto es lo único que se sabe: una familia entregó a su hija a una secta en un caserío de Lesaka, en Navarra. La noticia se conoció cuando lo denunció un presunto antiguo miembro de la secta. Contaba el artículo que «los propios padres ofrecieron a la hija en sacrificio a su comunidad como los adeptos que entregan su patrimonio, su voluntad y su dinero. […] los padres de esa niña pertenecían a una secta, un grupo de sumisos que habían establecido su base en un caserío de Lesaka (Navarra)”.

La historia inicia con la aparición del cuerpo de una adolescente muerta a las orillas del río Baztán, ubicado entre las provincias de Navarra y Guipúzcoa. Ante este crimen, Amaia, que es una inspectora especializada en homicidios de la Policía Foral de Navarra, comienza a investigar qué fue lo que le ocurrió a la joven y todas las pistas con las que se va encontrando la llevan a regresar al lugar en el que nació, Elizondo, un sitio que ya había decidido no volver a pisar.

En Legado en los huesos, Salazar debe resolver el breve y enigmático mensaje que le deja un hombre que acaba de suicidarse, el cual solo reza “Tarttalo”, pero el asunto se vuelve aún más intrigante al conocerse que su autor enfrentaba un juicio contra el padrastro de la joven Johana Márquez.

En esta ocasión, la investigadora, quien tenía la intención de dejar atrás su vida como parte de la fuerza a raíz de su embarazo, tendrá que volver para resolver el nuevo caso mientras le toca enfrentar momentos perturbadores con su propia madre.

Finalmente, la historia de Amaia llega a su fin en Ofrenda a la tormenta, la que algunas personas consideran la mejor entrega de la saga y en la que la protagonista vuelve a poner sus habilidades al servicio de la comunidad para resolver un caso que junta extrañas muertes infantiles con rituales dantescos.

En estos films aparecen habitantes de la mitología vasca, tal vez poco conocidos. Aquí aparecen habitantes mitológicos de la zona del Baztán:

BASAJUN Señor del Bosque — Una especie de yeti vasco que previene a los pastores de la presencia de fieras y tempestades. Un personaje protector en El guardián invisible.

TARTTALO. Cíclope antropomorfo — Perverso gigante de un solo ojo que se alimenta de ovejas y carne humana. Es uno de los seres mitológicos más temidos. En Legado en los huesos, varios presos se suicidan dejando una única palabra escrita en la pared de sus celdas: “Tarttalo”.

 

Esta trilogía se encuentra en Netflix.

 

Historia vasca en documentales

Santiago De pablo nos habla, en un artículo muy lúcido sobre cine vasco, acerca de la importancia de la identidad desde que el cine se expandió en el mundo y específicamente la relación de un pueblo que ha luchado siempre por su identidad definida y sus diferencias con el resto de la península ibérica donde se encuentra geográficamente pero con una identidad propia, historia, mitología, folclore, idioma y una identidad política con diversas variantes que se ha visto expresada desde el Partido Nacionalista Vasco, desde la derecha y centro derecha hasta las variantes socialistas y expresiones que merecerían un nivel de análisis más profundo como la ETA. Nacida como una expresión de la radicalización política de un sector juvenil de la pequeña burguesía vasca, ETA fue ganando respaldo entre sectores populares y de la clase trabajadora, especialmente tres la traición abierta de las principales direcciones políticas y sindicales del movimiento obrero durante la Transición. Como brazo armado del conocido como Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) desde finales de los 70 y durante gran parte de los 80 y 90, ETA cosechó las simpatías de cientos de miles de trabajadores y jóvenes en Euskadi y el resto del Estado. Se presentaba a ojos de miles como una fuerza resistente al consenso, al desencanto y a la “izquierda” traidora que aplicaba las más duras políticas de ajuste y el terrorismo de Estado –el PSOE– o quienes se habían convertido, con Carrillo a la cabeza, en los principales defensores del pacto con el Franquismo. De Pablo analiza la importancia que el cine tuvo en la problemática del nacionalismo vasco de llevarlo a una instancia internacional, a través de dos documentales del cine autonómico de los años ’80: Euzkadi, hors d’etat (Euzkadi fuera de estado) de 1983 y Gernika, el espíritu del árbol de 1987. Filmados por realizadores extranjeros. Euzkadi, hors de’etat fue una coproducción vasco francesa, con material de archivo, tomas filmadas en Euzkadi en 1983, la película intenta explicar las viscicitudes de la historia vasca desde la Guerra Civil hasta la llegada del Partido socialista español al gobierno en 1982. Escrita por Arthur Mac Caig quien había realizado ya documentales sobre el problema irlandés, por ejemplo, este film explica el desarrollo de la militancia radicalizadda vasca a la sombra del franquismo que no sólo atacó hasta las bases culturales de los pueblos de España sino también y primordialmente asestó contra la clase obrera, además de perseguir, encarcelar y asesinar republicanos, anarquistas, socialistas, etc. el documental recoge testimonios orales de ex militantes de ETA que fueron apresados y torturados y los va compaginando con documentos orales e imágenes más la vida en las calles, la música, los bailes folclóricos vascos como una expresión de la libertad que se podía comenzar a lograr con el fin del franquismo.