La única voz posible: a propósito de Caída Roja de Noelia Ibáñez

por Gabriela Urrutibehety

 

La poesía de Noelia Ibáñez está hecha de un dolor que es nostalgia y es presencia. De una búsqueda que es deseo y es sed, porque es amor desesperado:

En el agua /juegan los espejos/ y los zurdos combates/del amor ahogado

 

Tu piel en carne viva/tus palabras en carne muerte/el terrible puñal del destino/ y la soga de tu cuello/que no desata mi mano enamorada

 

Es una poesía que habla de muchas pérdidas y algunas recompensas, de mucho dar y de recibir a veces. Una poesía que se brinda para recibir y a veces sólo encuentra de regreso la mano vacía:

Quizá una trasgresión/romper uno a uno/los designios/todos/uno a uno/perforar el silencio/la belleza/ el hábito del olvido/romper/ la materia del dolor

 

Es una poesía que clama por una acción que llega, pero en caída, cuando la contemplación es inevitable, es lo inevitable, lo que desata la voz y germina la palabra:

Ahora pájaro, dolor desnudo/desde lo alto/ahora caigo/no dejo de caer

 

Es una poesía que canta a una “ella” fantasmal que, coherentemente con este universo quieto como objeto de contemplación dolorida, “mira en el fondo del poema”  o se pierde “en el rastro de los años venideros”.

Todo el poemario se presenta como ejercicio de la mirada, la mirada que ve cómo se instala la desazón en calma, el dolor quieto. Porque “la vida pasa como en un celuloide mientras miro las formas del odio y sus plegarias”.

Así se ve el universo de Caida roja: como a través de un celuloide, un filtro distorsionante que confina al yo poético en un más acá que no termina de ser ni contentar. El silencio es el modo de ser del mundo en el que rebota la voz de la que dice,  ya que sólo quien está en el fondo del pozo puede repetir una respuesta que no contenta pero conforma, porque es la única voz posible.

Acá/ está oscuro/nadie ve nada/…/ todos gritan/donde estamos/ está oscuro/ nadie sabe nada-

 

Caída Roja fue presentado en la XIV Feria del Libro de Chascomús