Dos viejas locas: Mariquita Sánchez de Thompson y Juana Manuela Gorriti. Transgresión y literatura. 

Por Charlie Byrne.

Total, terminé la escuela con una mediana caligrafía, algunos conocimientos de gramática, poquísimos de aritmética, ninguno de historia y varios manteles de punto de cruz. “Cuando tuve que permanecer encerrada todo el día, mi madre puso su empeño en que fuera una excelente ama de casa,  pero siempre me negué a remendar calcetines y sacarles la basurita a los frijoles”.

Ángeles Mastretta, Arráncame la vida, pág. 17. 

 

Una le hizo un juicio al Virrey, y la otra vio cuando le pegaban un tiro a su marido cuando lo volvió a encontrar para reclamarle lo que le correspondía. Por ejemplo. 

Siglo XIX, albores de las independencias en América Latina y muñecas bravas ya había habido: Manuela Sáenz, Rosa Campuzano. 

Pero al pensar en ellas, pensamos en amantes, en espías, en artimañas que ayudaron desde una pasión desmesurada hacia hombres desmesurados a nuestras libertades como países. 

Pero estas no, fueron peores, porque además opinaban, eran obstinadas como mulas y cultas, muy cultas e inteligentes. Y bien sabido es que la independencia de carácter y la inteligencia no se perdona, sobre todo en una mujer. Y menos en el siglo XIX.

Hacía 20 años que se había creado el Virreinato del Río de la Plata y cuando cumplió 14 en 1790 la quisieron comprometer con un señor viejo, gordo y feo, un tal Diego de Arco, pero con dinero, lo cual era un alivio para la familia que continuaría amasando fortuna, menos para Mariquita quién se negó rotundamente. Como correctivo su madre, Doña Magdalena haciendo valer el deseo del finado marido y padre de María Josefa de Todos los Santos la mandó a un convento durante meses, a ver si se le pasaba el berrinche de haberse enamorado durante una misa de su primo segundo, el flacuchín rubio y apuesto Martín, de unos 23 años. Que encima no tenía su misma clase social. 

Pero no se amedrentaron los novios, sino que ella tomó la iniciativa de mandar una carta al Virrey Sobremonte, (ese que se escapó con el oro durante las invasiones), que reciencito llegado andaba en otros menesteres.

El 7 de junio de 1804 demandó escribir al virrey para enjuiciar a su madre y la voluntad de su finado padre, haciendo cargo al mismísimo Sobremonte de su suerte futura. Martín también envió vehementes misivas engoladas de neoclasicismo. Solo 13 días después el Virrey, en nombre del Rey nuestro señor, juzgó a favor de la pareja, dispensándolos de su insegura sangre de parentesco preestablecido. 

Esta fue la defensa, tal vez inconsciente, en ese momento, y consciente a través de toda su vida de hacer valer la voz, acompañada de la escritura. Fue consciente de la historia que le tocó vivir y de su rol de testigo privilegiado.

En su correspondencia familiar no cesa de aconsejar a sus hijas sobre sus derechos, y el manejo del dinero, a no dejarse ofender y a hacer dulces.  Junto a Martín Thompson tuvo cuatro hijos, entre ellos Juan Martín, amigo de Esteban Echeverría y Juan María Gutiérrez, tal vez el primer crítico literario de nuestro país. 

En este sentido Juan Manuela Gorriti es tan consciente de la independencia de las mujeres y el valor de la palabra desde muy chica. Nacida cerca de la actual Rosario de la Frontera  y criada en una estancia salteña, rodeada de hombres de campo y abuelos con vastísima cultura, donde siempre tenía un espacio donde hacerse escuchar. Desde chica se dedicó a recordar, así fue que veinte años después publicaría la primera novela escrita por una mujer latinoamericana, La Quena, que puede ser interpretada como una serie de recuerdos donde, asombrada desde el abismo de la niñez, ve las montoneras de su primo y compañero de juegos infantiles: Martín Miguel de Güemes. 

Durante el exilio de toda la familia a Bolivia, huyendo del terror de Facundo, y siendo unitarios, conoce al que será su marido, y luego de un año de pataletas y largas argumentaciones, se casa por decisión propia con el Capitán Manuel Isidoro Belzú. Con él tiene dos hijas y les toca el exilio, esta vez a Lima, separándose quince años después, también por decisión de la propia Juan Manuela. Años después, ya Belzú siendo el primer presidente elegido por el pueblo Boliviano, Juana emprende en marzo de 1865 un viaje a La Paz para reclamar lo suyo y ver a una de sus hijas. Con tan mala suerte llega en medio de la revuelta de Melgarejo, momentos después que a su Manuel le pagaran un tiro en la frente y lo dejaran desangrar. Toma la decisión terrible y a costo de su vida, de arrastrar el cadáver de su marido hasta la plaza pública y lo expone gritando a los asombrados y los que pasaban: “…más he aquí el pueblo que me rodea y me pide más: me pide que lo vengue. Si: lo vengaré con una noble y bella venganza, haciendo triunfar la causa deal pueblo que era la suya”. Testimonio que se encargó de dejar por escrito.

Su vida sigue de sobresalto en sobresalto, en el medio funda la primera escuela mixta para señoritas en Lima, su salón se transforma en el sitio de reunión de la intelectualidad y los políticos limeños, escribe sin cesar, publica en Buenos Aires y funda un periódico de cultura en Lima. Se difunden sus cuentos en Chile, Colombia, Venezuela, Argentina, Madrid y París. Conoce Buenos Aires ya grande y maniática, logra llegar precedida de su fama como escritora, da conferencias, presentaciones, escribe artículos y cuentos (muchos de ellos fantásticos,  primera escritora americana que trabaja con lo sobrenatural y lo surreal, pero eso es otro tema); y consigue vivir de lo que escribe y una pensión que reclama y es concedida como gloria de la independencia. Logra un quiebre en ese mundo regido por herencias, linajes y pesos moneda nacional. 

Tendremos que esperar a la generación de las Ocampo, Guido, Lynch, Bullrich, de Miguel para que una escritora pueda vivir de sus palabras e ingrese en el gran mundo del reconocimiento en las letras de un país. Curiosamente en la Historia de la Literatura Peruana de James Higgins, libro que se ofrece como el ingreso más completo a esa literatura, Juan Manuela no figura. Tampoco Mariquita Sanchez, en, por ejemplo, Historia de la Cultura literaria Hispanoamericana, compilada por Saul Yurkenievich, del FCE, considerada la más actual de estos libros. ¿Por qué no, si aparecen todos y cada uno de sus contemporáneos? 

Mariquita Sánchez fue una lúcida escritora de cartas, privadas y públicas, se casó por segunda vez con un hombre menor a ella, el diplomático Mendeville, se dio el lujo de separarse, y su gran valor literario consiste en una lucidez supina al analizar la política de su tiempo, cargada de ironía y chanzas, y de un texto magnífico de 1860, dedicado a Santiago Estrada, y rescatado por su hermano José Manual, Recuerdos del Buenos Ayres Virreinal. Con una minuciosa descripción de usos y costumbres, con trazos sociológicos a veces, y grandes consideraciones políticas este libro nos acerca a la mejor Mariquita. Tal vez la gran cronista de la independencia. 

Junto con Eduarda Mansilla, y la pedagoga Juana Manso, estas mujeres, ocultadas con sutileza y desprestigiadas, han sido los pilares de la modernidad romántica del siglo XIX. No solo llegaron a viejas –Mariquita se hizo un daguerrotipo, fascinada con el nuevo invento-, sino que tuvieron una vida y un carácter que la historia y la literatura, que en este continente van en yunta, han tratado de esconder bajo la alfombra. Descubiertas casi 150 años después, reivindicadas tal cual eran: dos viejas locas. 

Aunque todos hubiéramos deseado ir a sus salones. A ver qué se decía, por lo menos. 

 

 

Bibliografía específica:

  • Sanchez de Thompson, Mariquita; Intimidad y Política (edición de Gabriela Mizraje), Adriana Hidalgo; 3era Edición, Bs. As: 2013. 
  • Gorriti, Juana Manuela; Ficciones Patrias; (Edición de Graciela Batticuore); AGEA; Barcelona; 2001. 

Bibliografía general:

  • Rodríguez, Teresa, Mariquita Sanchez y Martín Thompson; planeta; Bs.As; 1999. 
  • Mercader; Marta; Juanamanuela, mucha mujer; 13era edición; Sudamericana; Bs. As.; 1982.
  • Carretero, Andrés; Vida Cotidiana en Buenos Aires, Tomo 1: desde la Revolución de Mayo hasta la organización nacional, Planeta; Bs. As. 2000. 
  • VVAA; Vida Pública y Vida privada; Actas de las primeras jornadas de historia argentina y Americana, 1996; Facultad de Filosofía y Letras; UCA; Bs.As. 1996.
  • Eggers-Brass, Teresa; Historia Argentina, 1806 /2006; Maipué; ituzaingó, 2006. 

Textos que no aparecen: 

  • Yurkievich, Saúl (comp.); Historia de la cultura literaria den Hispanoamérica; Tomo I; FCE; Mexico; 2010. 

Higgins, James; Historia de la literatura Peruana; Universidad Ricardo Palma, Ed. Universitaria; Lima; 2014.