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El cine que no nos dejaron ver: apuntes sobre la censura (Primera parte)

por Noelia Ibáñez

 El cine es arte porque es muchas artes al mismo tiempo. El cine que nos fascina y nos deslumbra, el cine que nos enseña, que nos interpela o nos entretiene. Las imágenes del cine han sido siempre las imágenes espejo en el que las masas se miran, sin entrar en detalles, acerca del significado de ese término, un reflejo de la sociedad y un ida y vuelta con esa sociedad. El cine como obra de arte es placer y, además, es un punto de unión de los pueblos, un punto de no ruptura por lo que la censura es un instrumento imprescindible del poder para ejercer algún tipo de sometimiento e imposición de ideas. El cine es totalmente universal, está por encima de razas, lenguas y marañas de la cultura lo que lo termina convirtiendo también en un arte del pueblo. 

Afirma Rubén Furman que a lo largo de la historia argentina las restricciones a la exhibición y producción de filmes y, en su versión más extrema, a que determinados artistas pudieran trabajar se impusieron siempre desde las oficinas estatales pero contó con “la colaboración de distintas organizaciones sociales, religiosas en su mayoría. El peronismo sancionó el primer código de censura tomando el modelo del presidente norteamericano Frankin D. Roosevelt en el Código Hays, y estableció que no se permitiría ningún film que ‘pueda rebajar el nivel moral de los espectadores’, una generalidad concretada en que ‘la familia, el Estado, la iglesia, el ejército, la autoridad y la ley no pueden ser objeto de escarnio’”.

En la década del ’30, la la llamada “década infame” hubo una velada censura promovida por la Iglesia Católica y conservadores de peso como el anticomunista y antisemita Matías Sánchez Sorondo que promovió la creación del Instituto Cinematográfico Argentino y además fue su director.

Al obligar a la exhibición de películas nacionales y favorecer la industria nacional del cine, ganó el respaldo de los productores locales y de actores por las mayores fuentes de trabajo, pero el “clima de época” hostil obligó a estrellas, como Libertad Lamarque, Luisa Vehil y Delia Garcés, a migrar mientras que grandes actores como Francisco Petrone entraron en un cono de sombra. luego de 1955 fue análoga y aun peor porque llevó a la cárcel al cantante, actor y productor Hugo del Carril, director de un clásico del cine social como “Las aguas bajan turbias”, de 1952, y también a Lucas y Atilio Mentasti, propietarios de Argentina Sono Films, propulsores de la industria del cine nacional acusados de contrabandear celuloide.
Hernán Invernizzi  aborda una variante poco estudiada y menos conocidas de la censura, como fue la guerra al cine nacional que declararon los exhibidores que durante la Libertadora, que conservó el invento del todopoderoso secretario de información pública, Raúl Apold, que en 1951 creó la Comisión Nacional Calificadora con funciones censoras en todo el país.
El organismo fue robustecido durante el frondicismo, que le adosó representaciones institucionales de las Ligas de Madres y Padres de familia, el Movimiento Familiar Cristiano y otros grupúsculos del catolicismo intolerante.
Inspirado en el edicto franquista que prohibía difundir las “actividade sexuales ilícitas”, el código de censura dictado en 1968 bajo la dictadura de Onganía prohibió las escenas con “insinuaciones de orden sexual, estímulo del erotismo” y otras que promovieran las relaciones extramatrimoniales. Mientras, en orden a la ley 17.401 que prohibía el pensamiento comunista, se prohibieron filmes que fomentaran el conflicto y “la negativa del deber de defender a la Patria”. Cines rigurosamente vigilados se detiene en figura enigmática y contradictoria de Miguel Paulino Tato, designado al frente del ente calificador durante el gobierno de Isabel Perón, quien se convirtió en sinónimo de la tijera durante los años de plomo.

El “Señor Tijeras”, el censor de la dictadura obsesionado con el sexo y los karatecas al que Sui Generis le dedicó una canción - Infobae
Miguel Paulino Tato, «el señor Tijeras»

Apoyado en su labor por la Iglesia, Tato provenía de la crítica cinematográfica y mientras polemizaba con sus colegas con los más despóticos criterios, ayudaba a subsistir a algunos de ellos, víctimas de su propia intolerancia.

Con la llegada de Perón al poder, la censura tomó ribetes políticos además de morales, quizá sobre todo políticos. Sabemos por la bibliografía sobre el tema que actrices y actores y directores como Niní Marshall, Carlos Hugo Christensen, Alberto de Zavalía y su esposa Delia Garcés, Arturo García Buhr, Roberto Escalada, Libertad Lamarque, entre muchos otros, sufrieron censura y persecución durante esos años. Esto también es una información que se divide según quiénes la sostengan, ya sean historiadores peronistas o anitperonistas, lo cierto es que el ejercicio de la censura mantiene un sesgo político de larguísimo alcance para la historia argentina en los años posteriores. Posadas en su biografía sobre Niní Marshall comenta que “conociendo la irreverencia de la actriz, es imposible no imaginarla imitando a Eva Perón. Lo inconcebible es que los funcionarios de turno tuvieran tan poco sentido del humor, y un nada escaso fervor por las listas negras”. Ya durante el gobierno golpista del ’43 le llegaba la censura a Niní. A su personaje Catita se lo catalogó como vulgar ya que lesionaba el lenguaje y fue metida en la misma bolsa en que cayeron las letras de muchos tangos a los que se les suprimió la terminología lunfarda perdiendo toda frescura y la fuerza expresiva que los caracterizaba.

Golpes y cambios

Con el golpe de 1955, los golpistas sancionaron el decreto-ley 62/57 que creaba el Instituto Nacional de Cinematografía gracias al cual se reactivó la filmación de películas y contiene un artículo de singular importancia: «La libertad de expresión consagrada por la Constitución Nacional comprende la expresión mediante el cinematógrafo, en cualquiera de sus géneros». 

Este instituto fue el antecesor del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales, ley 17.741 de 2001). Con el pretexto de una calificación moralizadora, se dan pautas para que se ejerza la censura. Las ligas de la decencia y de las madres de familia comienzan a agredir a través de los medios y la censura de los gobiernos se basan en estas ligas y asociaciones.