Evangelina Aguilera: escribir para decir algo que pueda hacer mejor a alguien

por Kira Mamontoff

Entrevistar a una poeta como Evangelina Aguilera es reparar inevitablemente en las palabras que llueven felizmente en la sequía de la rutina.  Sus respuestas suenan como versos que explican un recorrido poético que ya lleva publicados seis libros: Fuga (2009), Memoria del Silencio (Audiolibro, 2015) Una casa no arde sola (2018, Editorial El Suri Porfiado), En la enorme presencia de lo nimio (2020, Editorial Vinciguerra), Mercado Chino (2021, Pandero Cultural, México) y Boccaccio para recitar (2022, Editorial Gogol).

La agudeza de sus observaciones parece crecer y alimentarse en un hogar donde la atmósfera de lo agreste rodea las acciones más cotidianas de su Mar del Plata natal. La calidad de su trabajo la ha llevado a ganar el Primer Premio en el Concurso Anual de Poesía Inédita 2020 Alfonsina Storni otorgado por la Fundación Argentina para la poesía, el Premio Municipal Alfonsina Storni a la creación Literaria 2021 que otorga la Secretaría de Cultura del Partido de General Pueyrredón y el Primer Premio del Concurso Luis A. Spinetta organizado por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata (2013).

Para Eva, la poesía es una tarea que ejercen algunos y citando a Rilke asevera que la tarea es dejar una huella profunda en esta provisional y perecedera tierra, somos las abejas de lo invisible. Al mismo tiempo añade que no todo es poesía. En su opinión debe haber una intención estética y una puesta en juego de recursos que aporten belleza a lo que se escribe. El concepto de belleza, sabemos, es fluctuante de acuerdo a las épocas, pero creo que debe conmover al lector, que debe decir algo y hacer que luego de la lectura la realidad ya no sea la misma. Es pretencioso, pero es absolutamente necesario para mí este convencimiento: se escribe para decir algo que pueda hacer mejor a alguien.

Todo comenzó en la casa de su abuela Violeta, lugar donde pasó su infancia. Allí había tres tomos de la Poesía de Neruda. Eran libros de tapa de cuero rojo con letras doradas (Editorial Losada) que Eva guarda actualmente en su biblioteca.  Le generaban gran curiosidad y fascinación.

Apenas aprendí a leer, abrí esos libros. Husmeaba esos tomos de hojas finitas, sin dibujos, esa disposición mágica de los versos me sacaba del tiempo. Podía estar horas leyendo, pasando las hojas.  Por un lado, estaban las lecturas y la escritura que me proponía la escuela y por otro lado estaba eso, eso que yo quería imitar. No entendía nada, pero leía en voz alta y la musicalidad me atrapaba. También las palabras que no conocía. Me encantaban las palabras raras, esas músicas vivas.

Además de poeta y Profesora en Letras, Eva es madre de Ana y Ulises. Mis hijos cambiaron mi manera de existir. Gracias a ellos he aprendido a valorar el tiempo y a dirigir mi energía. Ellos me dan alegría, me ayudan a ver el mundo con la esperanza que necesito.

Escribe en cuadernos, en lo posible, lisos, con lapiceras, de tinta negra o azul. Hay poemas que escribe de un tirón y otros que teje durante días y días. Necesita tachar, escribir en los bordes, tirar líneas para los márgenes. Se define muy visual y disciplinada no sólo en el proceso de escritura, sino también en sus estudios y lecturas. Admite ser exigente en la búsqueda de la mejor manera de decir y para ello necesita imperiosamente reescribir, releer, corregir sin concisiones.

 

 

REDES SOCIALES, ACTUALIDAD Y POESÍA

Creo que la diversidad es necesaria. El respeto hacia las diferentes concepciones y formas de escritura es fundamental. Prefiero mantenerme en un lugar de respeto y no sumarme a posturas de confrontación porque no creo que sean productivas.

Las redes sociales son buenas porque nos permiten conocer a muchos poetas. Esto no quiere decir que sean todos buenos. Pasa lo mismo que sucede con toda la información en general: hay mucho de todo y es uno el que debe rastrear lo que le interesa. Hoy uno tiene esa posibilidad de conocer, de buscar bibliografía, de ver videos, escuchar las voces, las entonaciones. Las redes me permiten disfrutar mucho y leer mucho. Me permiten investigar, crear lazos, mantener lindos diálogos que enriquecen.

Claramente, prefiero la poesía pensada, hecha con detenimiento, con ideas, con trabajo y dedicación.  Seguramente haya espacios donde “vale todo” pero no es el tipo de creación que prefiero. O al menos no es la Poesía que yo quiero. Esas manifestaciones del “vale todo”, como decís, son gestos que duran lo que dura el espectáculo en el que se montan. No está mal que haya gente que lo haga, pero no creo que se mantenga en la memoria de nadie.

MÁS ALLÁ DE LO ESCRITO

Según Eva, la poesía no siempre se escribe. Podemos encontrarla en una composición musical o en una pintura, en gestos que conmueven. Hay poesía, como decía Octavio Paz, en los paisajes que nos conmueven. No solo es cercanía a la belleza. Diría que es esa posibilidad de captar el instante que remite a otro lugar, a otro tiempo, un mensaje que nos es dado descifrar.

Siendo la palabra su hogar y la poesía su forma de vida, Eva no se imagina lejos de la escritura, pero si le estuviera vedado esa forma de existencia, elegiría dedicarse a las plantas y a los animales.

Me gustaría tener un enorme vivero y ver crecer plantas, flores, sembrar. Me gustaría curar animales también. Los animales me conmueven, sus tiempos, su lealtad, esa inocencia que tienen porque no saben que son, que viven. Viven sin saber que van a morir. Eso es demoledor.

Entre los poetas considerados indispensables para Eva, encontramos los clásicos Fray Luis de León, Quevedo o Góngora, algunos contemporáneos como Juan L Ortiz, Leónidas Escudero, Bayley, Giannuzzi, Juarroz, José Emilio Pacheco, Calveyra, Porchia, Pessoa o María Zambrano.

Y desde las producciones poéticas de la actualidad recomienda leer a Osvaldo Picardo, Héctor Freire, Ricardo Herrera, Oteriño, Mujica, Ortiz, Chantal Maillard, Jota L Andrade, Claudio Archubi y Natalia Litvinova.

Leer a Eva conduce inevitablemente a la pausa silenciosa. De allí surge el deleite donde el sentir y el pensar se equilibran en un solo eco que hace bien. Ella asegura que ya no puede dejar de ser quien es. Ser poeta es una manera de escuchar y de ver, asegura. Y nosotros los lectores, sonreímos con gratitud.

 

 

DOS POESÍAS DE EVANGELINA AGUILERA

El ruiseñor de Catalina

 

No todo corazón resiste el paso

ni el peso del amor. Persiste el vuelo

en la tensión perfecta de la muerte:

la intensidad que agota una existencia,

la tragedia de ser un colibrí.

(Boccaccio para recitar)

La sed

 

En la álgida distancia

o el silencio de presa

acechando la tersa continuidad del día

sostenés tu jornada

juntás migas de pan, el resto ausente

todo lo que alimenta vos juntás

antes que los gusanos y la tierra.

Te sentás bajo el sol para volver semilla

ese tenaz intento del cuerpo hacia la sombra

(ay, la sombra

y su frio abismal

y su arenoso tiempo oscuro)

te estirás para arriba

sacudiendo los hilos que tejieron

las arañas nocturnas venturosas,

desprendés tu raíz de aire y ceniza