Imagine Van Gogh, un recorrido narrado por la muestra inmersiva

Imagine Van Gogh, un recorrido narrado por la muestra inmersiva

Por Mariana Goya

 

Imagine Van Gogh se presenta en Buenos Aires como una innovadora propuesta para recorrer las obras del artista. La muestra fue organizada mundialmente por Annabelle Maugner (directora creativa, nieta de los fundadores de Cathédrale d’Images, centro histórico donde se comenzó con esta idea de exponer las grandes obras en formato monumental sobre las paredes de piedra, interviniendo la experiencia del espectador con música que acompaña y provoca un mayor sentimiento de encontrarse dentro de la pintura), y Julien Baron (cineasta que se unió al equipo de Cathédrale d’Images en 2005, desde entonces ha viajado acompañando la producción de proyecciones hasta que finalmente en 2011 se unió a Anabelle para crear Imagine Van Gogh).

El recorrido comienza al entrar en una antesala donde se nos presentan diapositivas colgadas desde el techo. En ellas se nos presenta la vida entera desde el artista, desde su lugar de nacimiento a los primeros acercamientos con el arte, cómo el mudarse le permitió conocer a grandes pintores contemporáneos a él, provocando los diferentes cambios estilísticos y estéticos en sus marcados períodos o series, las cartas a su hermano corresponden a gran parte de las citas con las cuales este guión curatorial fue conformado, sobre todo para explicitar fechas específicas y componer un esquema cronológico más acertado de su vida. Sobre todo lo más interesante que se nos cuenta es como en su vida se iba inmiscuyendo paulatinamente la demencia en los pequeños aspectos de sus obras, desde una pincelada cada vez más severa, hasta el uso de los colores y la pérdida de interés en la figuración de sus personajes, deteriorándose hasta el punto de buscar comer la misma pintura con tal de encontrar la felicidad en los colores que se la transmitía. Toda esta introducción ya nos comienza a provocar una inmersión en el imaginario buscado por la muestra, al estar al lado de la sala principal podemos escuchar la música, las luces tenues y enfocadas en los escritos ensombrecen los alrededores de la antesala y nos invita a seguir la luz final azul que nos indica el cambio de ambiente. 

Una vez completada esta lectura pasamos a través de unas grandes cortinas negras a la sala principal donde transcurre el evento como tal. Se nos introduce con las puertas abiertas a un ambiente de completa serenidad, la iluminación proporcionada por las proyecciones a los lados, sumado a la música instrumental que inunda la sala provocan esta necesidad de no querer pensar en un espacio exterior, de querer quedarse sentado mirando las imágenes pasar. Y es que bien este fue uno de los efectos esperados, la sala provoca un recorrido en forma de cruz al superponerse un monolito (más alto que el resto de las limitaciones físicas) llegando a la pared de final, invita a recorrerlo sin bajar la vista al suelo, extasiándonos con las vistas recortadas de figuras o partes de las caras de las pinturas, al llegar al punto de inicio uno entiende que no importa desde qué punto lo mires, las proyecciones provocan un mismo encanto -diferente a cómo lo imaginaba de que cada período tuviera una sala particular donde uno eligiera estar-, es así como todo te invita a quedarte sentado y disfrutar de la exposición.

Las imágenes suceden en un mismo loop de treinta minutos, diferenciando ciertos períodos por un paulatino paso a una pantalla negra, desde la cual la luz va subiendo de intensidad para mostrar las nuevas imágenes. Cabe resaltar que la gran mayoría de ellas son en movimiento, suponiendo por ejemplo el florecimiento de las flores, o el recorrido visual que uno naturalmente haría en las pinturas de mayor tamaño, o mismo en los dibujos de su estancia en el pueblo marítimo el movimiento de las olas dibujadas. Otro detalle interesante de aclarar es que también se acompañaba con proyecciones particulares en el suelo, si bien no con la misma intensidad, en aquellos paisajes otoñales se mostraban hojas de cedro, en los dibujos de los escritos a Theo se mostraban palabras escritas en cursiva, o mismo se continuaba con el fondo de las pinturas más emblemáticas como sería La noche estrellada mostrando la misma trama y colores. 

 

Dentro de esta secuencia la música se mantiene en un orden tranquilo de tonos altos que rememoran a un paseo por París en una película clásica, sin embargo hay un momento en que cambia y es cuando se nos muestran los autorretratos del artista, apareciendo aleatoriamente en las pantallas de la sala pero manteniendo un orden cronológico de producción, aquí la música acompaña la súbita aparición de los mismos con bajos entrecortados que ponen el énfasis en cada obra particular, provocando en uno una emoción diferente a la anterior calma, nos lleva a estar atentos de en qué parte aparecerá la segunda como si estuviéramos jugando a las escondidas y tuviéramos que encontrarlas antes de que aparezcan.

Finalmente, al ser un video en loop, no hay un momento en que la misma muestra te indique cuándo termina, sino que uno mismo decide cuánto tiempo pasar allí. Al salir nos encontramos con la muestra del merchandising de la misma, y al salir del espacio cerrado de La Rural sucede lo mismo que cuando uno sale del cine al mediodía, te encandila el sol y se presenta la Avenida Santa Fe y su movimiento habitual, recordándonos que previo a entrar en este aislado espacio parisino nos encontrábamos en la ciudad de Buenos Aires. 

Si desean presenciar la muestra estará presente en la ciudad hasta el 20 de junio de 2022, pudiendo acceder a toda la información en la página https://www.imagine-vangogh.com/?lang=es