Sacudimos la máquina de escribir

Sociedad Argentina de Escritores de Chascomús 2022 Trabajos del Taller de Lectura y Escritura e invitadas

Hoy: Dos  Escritoras Dos: Portela y Saint Esteben

Bruma

A través del tejido con luz difusa,

en un cielo envolvente hasta perderse.

Según pasa la vida, y ante fantasmas

que contra todos ellos se va enfrentando.

Es dura la pelea para entenderla,

sin más tiempo que este, bajo el espanto.

De sentirse tan débil, hacia el ocaso,

por la senda que siempre le han indicado.

Apretando los dientes y seguir andando,

sobre todo cuando ellos se lo han marcado.

Y el hartazgo que viene desde la cuna,

de ver tras los cristales aquella bruma.

Con la pluma y la palabra

Una pluma se me ha escapado de la agenda del 2021. El pegamento no ha soportado tanto aguantar historia. No voy a devolverla a su sitio, la dejaré suelta en el día de hoy, 25 de septiembre. Es sábado y todo parece serlo .Pienso que tengo que otorgarle un receso,¡ ha escrito tanto en estos años precedentes!. Expresando todo tipo de sentimientos,  llorando pérdidas muy difíciles y contando diferentes historias.

Pero como todo es de una manera hasta que empieza a ser de otra, y a pesar de ser sábado, en un rincón un puñado de letras asoman entre los escritos, pidiendo por su libertad. Están tan inquietas, que confunden el día con la noche. Nadie las convoca para unirse, ni tienen citas a la vista, están desconcertadas y enajenadas, buscando a la hacedora que plasme las ideas.

Su más ferviente deseo es poder atravesar las trasnoches teniendo algo para decir colaborando ante el papel en blanco.

De pronto la pluma aparece por el ventanal. La observo, puedo ver trazos con lágrimas sobre la mesa y continúa su vuelo. Va al encuentro con las letras, seguramente seguirán produciendo juntas palabras de amor, palabras justas, palabras para una vida nueva.

Origen

Y ella tenía los ojos, que todos negaban.

Mezcla de carbón y acero, en su mirada.

Era hija del pecado, según decían,

la ocultaban entre ollas, la maldecían.

Pero tenía la finura que recordaba,

genes de la aristocracia que la negaba.

Y así entre las piedras,  se abrió camino,

escribiendo sus versos, quebró el destino.

Un día se fue alegre ¡misión cumplida!

Los ojos se cerraron, ya no hay más brillo.

Pero dejó su lucha, enaltecida,

por la verdad ante todo y la valentía,

que descorrió los velos.

¡Será justicia!

Graciela Portela

◊◊◊

 

Sin título

Llueve desde temprano. A Margarita le encanta esa musiquita del cielo que convierte en caja de resonancia al techo, a los árboles, a los vidrios… Ante su presencia se acomoda en la cama bajo la cortina rítmica, con la intención de volver a dormirse lentamente, como si fuera ingresando a un pinar encantado. Contra su habitual ansiedad logra por fin relajarse. Se duerme y sueña. Una alfombra voladora de color morado y con arabescos turquesa la lleva por un enorme desierto, donde una caravana de beduinos marcha al paso resistente de los camellos. Desde lo alto Margarita siente el picor del sol; da un tironeo y la alfombra desciende junto a un oasis. Se mete en el agua, bebe, salpica, se baña, feliz como un pájaro que tras horas de vuelo consigue dejar atrás el cansancio gozando  de la frescura entre palmeras. Ya repuesta reinicia el viaje y deja que su vehículo la sorprenda con un nuevo destino. Confia en que la alfombra le cumpla algún deseo de los que la llenaban de entusiasmo cuando era niña y leía aquellos cuentos que le compraba su papá. ¿Hacia dónde la llevará? Vuela y vuela; cruza pueblos, ciudades, ríos, montañas, arbolados… hasta que el movimiento se aminora y tocan tierra frente a un castillo. Ella cree haber salido disparada de un cuento. ¡Cuántas torres! ¡Y puentes, pasadizos! ¡Aquí vive Cenicienta! ¿La encontrará? Tal vez la esté esperando en la mesa grande del comedor, junto a los siete enanitos para ofrecerle una torta de arándanos. Entra por una larga galería para buscarla. Son tantas las habitaciones, tantas las salas que se pierde por los espacios simétricos. Nunca ha abierto tantas puertas. Según pasan las horas sin hallar a nadie, se convence de que aunque cueste, lo mejor será volver a la alfombra. Sobre expediciones que no llegan a puerto tiene una larga experiencia. Tras las magulladuras volverá a vérselas contra los molinos de viento.

 

 

Píldoras

Es la mañana el sol recrea el mundo

en lo alto del pino la calandria

ejecuta su primer concierto

en la cocina la leña

me conversa con crujidos cálidos

saboreo el café y muerdo el crocante de las tostadas

ahora sí empieza mi vigilia.

El sol se va y su despedida

suena a toda orquesta

el cielo parece la pintura de un niño

que ha descubierto los colores

y va probándolos uno a uno

en la acacia del fondo

los tordos se silencian

escuchan la ausencia.

Es la hora de las sombras

la luna y las estrellas las hienden

maúllan en el techo los gatos

en plan de amor o de pelea

pasa una lechuza y los chista.

Teresita Saint Esteben